Por qué el alumnado no se implica y qué cambia cuando el contexto es real
La implicación del alumnado en el aula es uno de los problemas más habituales en cualquier etapa educativa.
Se detecta rápido:
- respuestas mínimas
- baja participación
- dependencia constante del docente
La reacción habitual suele ser insistir más:
explicar mejor, repetir, simplificar.
Pero el problema no suele estar ahí.
El origen de la falta de implicación del alumnado
El alumnado no se implica cuando no entiende para qué sirve lo que está haciendo.
Puede seguir una explicación.
Puede completar una actividad.
Pero no conecta.
Y cuando no hay conexión, la implicación del alumnado en el aula desaparece.
No es falta de capacidad.
Es falta de contexto.
Qué cambia cuando el aprendizaje tiene un contexto real
Cuando el trabajo tiene una aplicación clara, el comportamiento cambia.
No hace falta motivar.
Hace falta sentido.
Por ejemplo:
- diseñar una marca para un proyecto propio
- tomar decisiones sobre un producto
- presentar una propuesta ante otros
En estas situaciones:
- aparecen preguntas reales
- aparece criterio
- aumenta la implicación del alumnado
No porque sea más fácil.
Sino porque tiene una finalidad clara.
El cambio no está en el contenido, sino en el uso
El contenido no cambia.
Lo que cambia es cómo se utiliza en el aula.
Se pasa de:
- explicar contenidos
a:
- aplicarlos en situaciones reales
De:
- responder preguntas
a:
- tomar decisiones
De:
- completar tareas
a:
- producir resultados
Este cambio es el que activa la implicación del alumnado en el aula.
Conclusión
El alumnado no empieza implicándose.
Empieza actuando.
Y es en ese proceso donde aparece el aprendizaje real.
Cuando hay algo que construir, decidir o defender,
la implicación deja de ser un problema.